Driversity | Y AHORA QUÉ, SERENDIPIA
EDUCACIÓN, me apasiona el sector, enseñar y aprender, FUNDACIONES en España y Estados Unidos. EQUIPOS, sé valorar y potenciar el TALENTO incluso en entornos complejos. CAMBIO, sé gestionarlo y además promoverlo. DIVERSIDAD, investigación, divulgación y gestión, con especial atención en CULTURA, LGBT y MUJER. Mi involucración en un COMITÉ DE DIRECCION me ha aportado la capacidad de ver la FOTO COMPLETA de las ORGANIZACIONES. Mi experiencia INTERNACIONAL me ha hecho FLEXIBLE. Me gusta EMPRENDER no tengo miedo a la INCERTIDUMBRE y estoy acostumbrada a trabajar en entornos DIFÍCILES. PROYECTOS incluyendo DISEÑO, GESTIÓN Y FINANCIACIÓN. Me satisface haber sido capaz de EQUILIBRAR una CARRERA EXIGENTE con una FAMILIA EXTENSA y con LO QUE ME GUSTA.
Margarita Alonso, Driversity, Feminismo, diversidad, empoderamiento de la mujer.
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Y AHORA QUÉ, SERENDIPIA

 

 

SERENDIPIA

Las mujeres de mi edad suelen tener menos amigas que sus hermanos y sus maridos. A menudo, cuando se casan, aparcan sus viejas amistades y construyen nuevos lazos con las parejas de los amigos de sus maridos, o sus cuñadas. Personalmente, he tenido suerte: tengo tres hermanas más o menos de mi edad con las que siempre me he llevado muy bien. Hemos disfrutado de una infancia muy feliz y una adolescencia divertidísima, también nos hemos hecho fuertes ante la adversidad y nos hemos apoyado unas a otras cuando nos hemos enfrentado a los golpes de la vida. Mis hermanas son mi Bálsamo de Fierabrás, y me siento muy afortunada por ello. Además, he sido bendecida con el regalo de la amistad.

Habiendo vivido siempre en un mundo de mujeres, no fue hasta que me casé cuando me di cuenta de lo importante que eran los amigos para los hombres. Los cuidan y los cultivan como una parte central de sus vidas, y es que lo son. Y así trato de hacerlo yo. A veces, mis amigas han sido elegidas, otras no, pero siempre he intentado hacerme amiga de la gente que me rodea, y es increíble darse cuenta de los tesoros que hay por ahí que hubiera desechado a primera vista. No soy nada tímida y sí muy habladora, y creo que eso me ha ayudado. Además, soy bastante directa: al pan, pan y al vino, vino. Hay muchas personas gente a las que eso les molesta y prefieren la corrección política, pero la franqueza casa bien con la amistad. La gente termina por abrirse como una flor.

Jugar a las cartas con mis hermanas o cenar con mis amigas es una terapia en la que a menudo salen temas de conversación. Exteriorizar lo que te pasa es sanador y, sobre todo, si tu interlocutor te escucha de verdad, te da un buen consejo, o te consuela. Trabajo en diversidad y he estudiado bastante los temas de género, la brecha salarial, la masculinidad, las diferencias culturales, la orientación y las identidades sexuales, entre otras. La verdad es que la inclusión está tan enraizada en las creencias y las rutinas del día a día que, al final, es un tema constante de conversación. No digo que la fiscalidad o el bitcoin no sean asuntos también muy relevantes, pero no salen tanto en las conversaciones.

Hay gente con historias increíbles, tanto y tan impropias de los siglos XX o XXI que parecen surrealistas o noveladas. Yo no me atrevería a opinar de la fiscalidad del bitcoin, pero todo el mundo tiene una opinión sobre los temas de inclusión. Lógico, todos tenemos nuestras creencias y nuestros valores y somos dueños del relato de nuestras propias vidas, aunque no invirtamos en criptomoneda. Cuando contamos una historia que nos ha pasado en casa o una situación kafkiana con nuestro jefe, no somos conscientes de que, sin querer, estamos describiendo los constructos sociales que desembocan en la brecha salarial o en el acoso. Ser capaces de abstraernos de lo personal y analizarlo empíricamente es una buena manera de gestionarlos y, además, constituye una excelente terapia si además se le pone una pizca de ironía o de humor.

Algunas veces escribo artículos de diversidad e inclusión (D&I) pero tengo que ser políticamente correcta y rigurosa, aferrándome al dato estadístico o a la cita académica. Mucha gente no los lee, no interesan, pero a todo el mundo le gusta criticar a su jefe.

Hay que reivindicar el discurso serio de la diversidad, aunque sea con risas. Y esto es: “Y ahora ¿qué?”, una serie de artículos ilustrados en los que trataré de atraer a todos, todas, todes, todus, todis hacia una lectura amable de los asuntos de D&I. Cinco amigas que se conocen por casualidad, cenan, van al gimnasio, de compras y hablan, cuentan. Un comentario o una historieta será el detonante de un tema más académico y formal. Si quieres, te puede quedar en lo costumbrista, pero si te lees la segunda parte tendrás algo más de contexto.

Las protagonistas son mujeres, pero no vamos a hablar sólo de género. Hablaremos de discapacidad, cultura, edad, LGBT+, equilibrio entre la vida profesional y personal, masculinidad y de todas y cada una de las dimensiones de la diversidad. Hablemos también de kilos.

No soy ilustradora, pero sí cuentista. me han recomendado que colabore con alguien que dibuje profesionalmente, pero no lo haré, mi “pinto y coloreo” es parte de la gracia. Hice un curso de verano en Yale sobre novela gráfica y me quedé muerta cuando la profesora nos obligó a hacer un diario ilustrado. Iba con la mentalidad europea de mirar y escuchar, pero me salieron con el enfoque yankee de experimentar y hacer. Fue revelador.

El año pasado mi pobre hija tuvo que estudiar en el sistema americano a la vez que se preparaba la EBAU por su cuenta. Me ofrecí a explicarle el arte, y así ha sido como he tenido el privilegio de reencontrarme con los romanos o el Renacimiento, pero desde el enfoque adulto y con todo lo que sé ahora. He descubierto que el sistema cristalino de la Columna Trajana o El tributo de la Moneda es puro comic. En mi afán de amenizar el estudio busqué recursos en internet y topé con el descaro de Antonio García Villarán y su “Hamparte”, que me abrió los ojos al uso de la red como vehículo alternativo a un libro.

Me gusta el comic. He visto evolucionar a genios como Alison Bechdel; soy adicta a la contemplación de la obra de Norman Rockwel; Miguel Calatayud con su Peter Petrake, y Quino y Mafalda marcaron mi infancia; Las Puertitas del Sr. López de Trillo y Altuna me parecen un tratado filosófico; me parto con Maitena, Raquel Córcoles y Sarah Andersen. ¡Cómo se puede decir tanto con tan poco!; Tuve la suerte de leer el Quijote ilustrado por Doré; y aunque no me interesan los superpoderes ni las metamorfosis, leo y veo, sobre todo veo, manga. Y todavía echo de menos leer El País y no ver a Forges.

Muchos de ellos con un simple trazo, un muslamen o un icónico jersey a rayas lo dicen todo, pero yo no soy capaz. Yo necesito refugiarme en el puntillismo, en el detallito de la botella de Absolut en la revista que lee Mo y los colores, los colores desmesurados y planos, al más puro estilo de Agatha Ruiz de la Prada.

Aquí os dejo “Serendipia” o chiripa, ¡qué más da! La introducción a “Y ahora ¿qué?” Este va de amigas, un grupo de mujeres parecidas pero dispares que se hacen amigas por casualidad. Ese día la señora de la limpieza tenía prisa por cerrar, y de no ser por la promesa de un buen polvo no se hubieran visto nunca en otra igual.

Aviso legal: ningún personaje ni situación se corresponde con la vida real. Sin duda muchas personas amigas y conocidas se verán reflejadas en estos personajes o las cosas que hacen, dicen o les han pasado, pero son todo situaciones inventadas. Teatro, puro teatro.

Y AHORA QUÉ, EL TIEMPO ES ORO

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